Hay ciudades que no se visitan: se leen, se escuchan, se sueñan. santo domingola capital de la republica dominicanaes una de ellas. En ella el mar No es un paisaje, es una forma de pensamiento.
Y el pensamiento, cuando llega al Caribe, se vuelve humedad, ritmo, una herida luminosa que no cicatriza porque no quiere. En ese contexto ha tenido lugar el fiesta literaria Mar de Palabrasuna celebración literaria Que no pretendo ordenar el mundo, sino abrirlo.
Escritores Delaware distintas geografías han llegado como quien llega a una casa que ya estaba dentro de uno mismo. No hay extranjería en la palabra cuando la palabra es verdadera.
santo domingo aparece entonces como una respiración antigua. sus calles coloniales no son un decorado: son una memoria que camina.
La ciudad habla con una mezcla de hierro y azucarde historia y musica. Uno escribe aquí como si escribiera dentro de un tambor, como si cada frase teniendo que atravesar un cuerpo antes de convertirse en sentido.
La ciudad no se deja resumir: se impone como un exceso de luz que obliga a cerrar los ojos para poder verla.
el festival ha sido también una forma de encuentro. Los escritores invitados —poetas, narradores, ensayistas— han intervenido en estupendos conversatorios como quien arroja botellas al mar sabiendo que el mar ya las estaba esperando.
Hay algo profundamente democrático en la literatura cuando se dice en voz alta bajo el calorías: las palabras dejan de ser propiedad del autor y pasan a ser clima, humedad, caloríastrópico. He pensado, mientras escuchaba algunas lecturas, que toda literatura es un intento de salvar algo que se está perdiendo.
Pero en santo domingo nada parece perdido del todo: todo está en tránsito, todo está a punto de convertirse en otra cosa. Incluso el silencio Tiene música aquí, una música que no necesita intérprete. En ese instante la literatura deja de ser objeto y se convierte en respiración compartida.
Mar de Palabrasel gran festival internacional Delaware literatura Delaware santo domingoes una manera de afirmar que la belleza todavía puede reunirse en un lugar concreto, aunque sea por unos días, aunque luego todo vuelva a dispersarse.
Y sin embargo algo queda. Queda una fraseun gesto, una voz que no era la nuestra y ahora lo es. Queda también la sensación de haber estado cerca de una verdad que no se deja atrapar del todo. Santo Domingo insiste.
Como insisten en los recuerdos que no han terminado de suceder. Como insiste en el mar cuando golpea la costa sin pedir permiso. Y en esa insistencia, la literatura encuentra su forma más pura: la de seguir hablando cuando ya no hay nada que explicar, la de seguir ardiendo suavemente en la memoria de quienes la escucharon.
Y por supuesto, la pilata hotel Kimptonallí me di los mejores baños del mundo.
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Publicado en La Vanguardia.
Manuel Vilas es uno de los principales poetas y narradores españoles de su generación. En el 2018 publicó la novela “Ordesa”, traducida a 30 lenguas y ganadora del Premio Fémina a la mejor novela traducida al francés (2019). En octubre de 2019 fue finalista del Premio Planeta con la novela titulada “Alegría”. En 2023 se alzó con el Premio Nadal con la novela titulada “Nosotros”. Su poesía reunida se editó en el volumen “Una sola vida” (2021). Es autor del libro de viajes “América” (2023), del libro de memorias “El mejor libro del mundo” (2024). En 2025 apareció su último libro de poemas hasta la fecha “Ciudades en venta”. Y acaba de publicar la novela autobiográfica “Islandia” (2026). Escribe en “El País” y “La Vanguardia” y es colaborador de RNE y de la Cadena Ser.
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