07/06/2026
Actualizado a las 19:51h.
«El mediodía del domingo seis de julio estalló la fiesta. No hay otra manera de describirlo». Así luce en la fachada de la Monumental pamplónica, que recuerda los cien años inmortales de la ‘Fiesta’ (El sol también sale) de Hemingway. Su memoria tarde en … bares, hoteles y marquesinas, con un amplio gráfico de los pasos que trazó, desde la Perla al Torino. Un siglo después, un lunes esta vez, la marea grana y blanca volvió a desbordarse por las calles tras el tradicional chupinazo. Eran las doce en punto cuando navarros y norteamericanos, madrileños e italianos, andaluces y franceses, alzaban el pañuelico al cielo y se lo anudaban con manos trémulas por la emoción. Un extremeño pidió matrimonio a su novia en el momento justo de la liturgia y ella, de la comarca de la Serena, vendió el «sí, quiero» con el lazo tembloroso pero exacto. Y lo que San Fermín ha unido al son de gaitas que no lo separe el hombre.
Comunión hubo entre el público y Andy Cartagena en su debut pamplonica con toda su veteranía a cuestas, garantía de espectáculo siempre. Gustó a lomos de Felino, esa perla de crines sueltas con el que ejecutó el toreo a dos pistas y ensayó una hermosina como guiño a Pablo, rey de Navarra incluso retirado. Ni con esas pisas Pamplona Diego Ventura, la máxima figura del rejoneo. Las piruetas sobre Baena, como el baile de gigantes y cabezudos, pusieron al público en pie. Causó sensación el appaloosa Pintas con las cortas y las rosas «para que no se asusten las hermosas». Con el colaborador toro ya parado en la hora final, lo cazó a la primera y estrenó el marcador con una oreja, mientras el propio rejoneador, rozando el bochorno, agitaba la petición de la segunda con las flexiones de su corcel.
No anduvo fino Roberto Armendáriz, con el santo en la chaquetilla, ante el primero de su lote, un animal apalancado al que había que llegar. «Al próximo será», decía la gente.
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Monumental de Pamplona
Lunes, 6 de julio de 2026. Segundo festejo. Casi lleno. Toros de Capea
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Andy Cartagena,
rejón contrario y caído (oreja con fuerte petición de otra); -
Roberto Armendáriz,
dos pinchazos y rejón (silencio); -
Guillermo Hermoso de Mendoza,
rejón (dos orejas)
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Con qué habilidad clavó el rejón de castigo Guillermo Hermoso de Mendoza. Todos sus caballos estaban enjaezados con lazos blancos y rojos en honor a San Fermín. Superior su raza sobre Berlín en hermosinas milimétricas bajo la bendición de su padre y maestro, que alzó los brazos al viento en el inverosímil tricherazo por los adentros. Tremendo el heredero de Estella con el gran Tabernero, con movilidad y el cuello descolgado. A ver si sale uno así en la final de la Chenel. Se rompía las palmas el gentío en los quietos con Navegante mientras se veía la evolución de Guillermo, a gran altura. Por los suelos tiró el auxiliar al animal antes del par a dos manos. Enrazado, se desplantó en la hora final. Fulminante. Dos orejas se ganaron.
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