29/06/2026 a las 12:31h.
Ha muerto en Roma Carmen Medina, numeraria auxiliar del Opus Dei. Y no será noticia. La realidad es que hay muchas como ella. No tenía nada de extraordinario, o eso parece si sólo se mira lo que hoy cuenta. Silenciosa, sí. Sustituible, no. Fue un profesional del cuidado y, después, un profesional del cáncer: de dejarse cuidar. Aunque la pregunta es inevitable: ¿la cuidamos o nos cuidó cuidándola?
Creció con poco. A veces con casi nada. Y no salió resentida, sino afinada: aprendió a medir el valor de las cosas sin quedar atrapada en ellas. Pobreza sin exhibición. Dignidad sin discurso. Hoy, cuando todo se proclama, ella hacía. Su terreno era lo invisible: cuidar, ordenar, sostener, disfrutar. Estuvo donde tenía que estar, haciendo lo que tenía que hacer. No es de muchos poder decir esto y, realmente, es sólo así como se apoyan las jugadas de Dios. Vivió donde hacía falta –Venezuela, Italia, España– sin convertirlo en relato. Estuvo. Cumplió. Sin foco. Sin biografía inflada.
Ahí donde otros no miran o no duran ella supo tomarse en serio ser feliz y hacernos felices. No hay épica ahí, se dirá. Exacto. Por eso es tan raro. Y tan necesario.
Doce años de cáncer con sus quimios, terapias, pruebas e intentos de solución y ni un milímetro de reclamo o atención. En tiempos de exposición, eligió la discreción sin hacernos a pesar de su enfermedad al resto. En una cultura de queja y victimismo, eligió integrar y asumir su condición. Incluso, agradecerla por entender que era de Dios. Esto, hoy, no se lleva tanto. Su vida no pide aplauso. Deja algo mejor: un listón alto, desafiante, al que sí se puede llegar.
Hay misiones que no se heredan. Se cumple. La suya fue una de ellas. El cáncer fue una vocación dentro de la que ya tenía. Murió en Roma el 18 de junio, a los 53 años. No hizo ruido. Sostuvo. En su funeral, la frase que acompañaba a una de las coronas de flores se resume todo: «De todas las que vivimos y disfrutamos contigo. Gracias».
Almudena Lago. romaníes
Coalición necesaria
La presente carta tiene por objeto formalizar un deseo que consiste en rogar muy encarecidamente a los responsables de PP y VOX que realicen el titánico esfuerzo no de entenderse, sino de unirse en coalición para ir de la mano a las urnas, incluso sin renunciar a sus diferencias, con la exclusiva finalidad de barrer en las próximas elecciones generales.
De no producirse dicha unidad, que alcanzaría cotas superiores a un 70 por ciento de los votos, volverá nuevamente, con indudable certeza, a robustecerse la ya conocida amalgama de perdedores (socialistas, PNV, Esquerra, Junts, Bildu, etc.) y con ello, bastaría un cuarto de legislatura para precipitarnos en la ruina más profunda e insalvable, aunque solo pudiera señalarse el de la pura ineptitud, ampliamente demostrada, por el PSOE. en materia de administración y de gobierno.
Estamos hablando de la necesidad ya agobiante de que PP y VOX acudan a las urnas mediante previa coalición y no en el aspecto, hasta ahora fallido, inútil, e incluso perverso una y otra vez, de formalizar pactos post-electorales, en apariencia nobles, pero que finalizan en resultados infructuosos, siempre con graves perjuicios administrativos que impiden, también, ya no sólo gobernar juntos sino toda convivencia sana en lo político y social.
Obsérvese el tremendo error de no ir unidos, cometido por ambas fuerzas en las últimas elecciones generales: con la poquedad de siete escaños, nos hubiéramos ahorrado tanta calamidad sufrida en los últimos años.
José María López Ferrerax. Madrid
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