20/07/2026 a las 10:35h.
España brillante. Argentina palideció. Se repitió el mismo guion que contra la selección gala: dominio de juego y de ocasiones. No fue azar, sino fruto de un trabajo duro y constante que culminó en un triunfo merecido en la segunda parte de la prórroga. El país entero vivió una unión que resulta difícil de encontrar en nuestras instituciones públicas. La ilusión de millones de jóvenes, y no tan jóvenes, tuvo su recompensa con la segunda estrella. Fue una noche mágica en la que el colectivo futbolístico y la afición vieron cómo un país, a pesar de sus problemas sociales, es capaz de unirse en un mismo propósito. Ojalá existiera la misma ilusión para sacar a este territorio de las demandas acumuladas de sus ciudadanos. El fútbol triunfa. La política, en cambio, guarda silencio, mientras una generación de jóvenes deportistas recuerda el ‘tiki-taka’, donde cuenta el conjunto y no el político de turno. Clases magistrales deportivas frente a unos líderes políticos de constante protagonismo y suspenso. Unos al podio, los segundos al rincón de pensar.
Pedro Marín Usón. zaragoza
Lecciones del fútbol
Cuando un país entero suena por la misma razón conviene detenerse un instante a mirar más allá del marcador. Durante unas horas, las calles, plazas, bares y hogares españoles se llenan de banderas, abrazos y sonrisas. Personas de edades, ideas y procedencias distintas celebran lo mismo sin preguntarse quién es el extraño de al lado con el que gritan abrazados, cuál es su opinión sobre ciertos temas o quién votó en las últimas elecciones. Resulta llamativo comprobar que aquello que parece imposible en nuestra vida pública sucede con la mayor naturalidad alrededor de un balón.
Sería ingenuo pensar que el fútbol puede resolver los problemas de un país. No puede. Pero sí tiene la virtud de recordarnos algo que a veces olvidamos: que seguimos siendo capaces de emocionarnos juntos, de sentirnos parte de un mismo proyecto y de alegrarnos por un éxito colectivo, en el que vemos representado todo un país. Quizás la mayor victoria de esta generación no haya sido levantar un trofeo, sino ofrecer a millas de niños y adolescentes un ejemplo de talento, esfuerzo, compañerismo y compromiso. En una época marcada por la inmediatez y el individualismo, han demostrado que los grandes logros siguen naciendo del trabajo silencioso, del respeto, de la confianza mutua y de la renuncia al protagonismo personal en favor del equipo. Ojalá sepamos conservar algo de ese espíritu cuando las celebraciones terminen. Porque España no necesita vivir permanentemente en la alegría de ganar una final, pero sí recuerda que aquello que nos une siempre será más valioso y más fuerte que aquello que nos separa.
El alboroto de la victoria y la euforia pasarán, pero lo verdaderamente importante ha de ser que no olvidemos la lección de estos días: un país que es capaz de celebrar unido también puede aprender a construir unido.
Álvaro Casanova. Salamanca
España con sueño
El triunfo de la selección nos mantuvo hasta bien entrada la noche, pendientes de las pantallas, y valió la pena. Con el buen juego de nuestros jugadores y su capacidad de sacrificio han conquistado la Copa del Mundo. España necesita metas colectivas ilusionantes que nos impliquen a todos y cohesionen la convivencia. No estamos sobrados de juego limpio en la política, pero esta copa muestra que podemos alcanzar metas altas cuando estamos unidos. Tenemos sueño, pero España ha conquistado un sueño que nos hace mejores.
Jesús Ortiz López. Madrid
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