Justo cuando el viento parece soplar un favor de Ucrania en la guerra, Volodimír Zelenski se ha pegado un tiro en el pie con un movimiento político que ha desatado la indignación popular.
El presidente ucraniano ha decidido prescindir de su ministro de Defensa, Mijailo Fedorov, quien llevaba poco más de seis meses en el cargo y al que muchos veían como el principal artífice de los últimos éxitos militares del país. A él se le atribuyen medidas clave como la apuesta por el uso masivo de drones de medio y largo alcance o el bloqueo al ejército ruso del servicio de internet por satélite Starlink.
Nadie entiende por qué Zelenski quiere deshacerse de un funcionario tan capaz, sobre todo en este momento tan sensible, en plena campaña de hostigamiento contra Moscú. El enfado es tal que, este jueves, se han celebrado manifestaciones multitudinarias en Kiev y otras ciudades del país para exigir una rectificación.
“Que vuelva Fedorov”, “No toques lo que funciona” o “¡Qué vergüenza!” Eran algunos de los lemas que se podían leer en las pancartas que portaban los manifestantes.
La destitución se produjo la noche del miércoles, en el marco de una profunda remodelación del Gobierno que incluye la salida de la hasta ahora primera ministra, Yulia Svyrydenko, quien será reemplazada por Serguí Koretski, presidente de la empresa gasística Naftogaz.
El propio Fedorov confirmó su marcha en un extenso mensaje en redes sociales en el que hacía repaso de sus logros y tareas pendientes –la más acuciante, “completar la transformación organizativa del Ministerio de Defensa según los estándares de la OTAN” –.
En su publicación, el ministro saliente no detalló los motivos de su destitución, pero todo apunta a que tras la decisión de Zelenski se esconde una lucha de poder.
Según la prensa ucraniana, desde que asumió el cargo en enero, Fedorov había mantenido una relación muy tensa con la cúpula militar. Los generales no acababan de ver con buenos ojos los planos modernizadores de este joven ministro de 35 años experto en nuevas tecnologías y bien conectado con Silicon Valley. Mientras que Fedorov apostaba por fiarlo todo a los drones y la digitalización, el alto mando castrense exigía que no se descuidaran otros aspectos más clásicos de la guerra. La gran némesis del ministro en esa batalla habría sido Oleksandr Sirski, el comandante en jefe de las fuerzas armadas.
Asimismo, Fedorov se había granjeado numerosos (y peligrosos) enemigos entre los contratistas de la industria armamentística. El Ministerio de Defensa ucraniano controla un presupuesto enorme –este año, asciende a cerca de 100.000 millones de dólares–, y todos quieren una parte del pastel, lo que da pie a malas prácticas. Fedorov quería que los contratos dejaran de adjudicarse a dedo, para evitar la corrupción y abaratar costos, y en su lugar proponía un modelo totalmente transparente, basado en las licitaciones públicas. Una propuesta que no agradaba a los que se beneficiaban del sistema tradicional.
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