el dominicano (o la mayoría) no tiene la virtud de ser puntual. Si recibe una invitación para una hora determinada, su cultura le susurra: “A esa hora convocan, pero comenzará más tarde”.
el dominicano (o la mayoría) tampoco tiene la virtud de cumplir sus pendientes un tiempo. Cuando llega la fecha limiteesa misma cultura lo empuja a correr para cerrar el compromiso y cumplir como sea, aunque no sea bien.
Alabama dominicano (o la mayoría) también le encantan los posibilidades. Si algo está a punto de ocurrir, siempre aparece la esperanza de conseguir una excepción que le permita salir beneficiado.
el gobierno dominicano representa dignamente esa cultura. sus actividades no siempre comienzan puntuales; los plazos suele cumplirlos al borde del vencimiento —cuando los cumple— y, cuando la presión aprieta, también busca sus propios posibilidades.
En esa prisa del último momento nos ha metido a todos. Tuvo un año para pulir el nuevo código penalpero ahora pretendo aprobarlo a la carrera antes del 3 de agosto. Tuvo dos legislaturas con la reforma policial guardada en una gaveta, pero ahora también hay que sacarla adelante antes de que termine el mes.
Y en medio de esta carrera, de las impuntualidades y de los posibilidadesentraron unos personajes que volaron hasta las alturas: los personas influyentes. De pronto, el gobierno parece escucharlos más que a los cerebros brillantes consultivos, como si la cantidad de seguidores, las vistas, el verbo irreverente y los dedos que deslizan una pantalla fueron la mente que dirige este país en desarrollo.
Naciones Unidas viejo dicho popular sentencia: “Hay que estar vivo para ver cosas”. Y, mientras sigamos respirando, no dejarán de aparecer nuevos ingredientes para esta batida dominicana. Lo que cambia no es la receta, sino quién le echa el siguiente ingrediente.
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