07/08/2026 a las 01:39h.
El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha herido nuevamente al debate una decisión importante de su política. Cambiar competencias de una institución cultural de cabecera como es la Biblioteca Nacional de España merece justificación y transparencia. Envolver en un decreto genérico el hecho de que a partir de ahora su director podrá ser cualquier persona de su confianza, en lugar de un funcionario del grupo A1, es introducir una arbitrariedad notable sin molestarse en justificarla. Después de la experiencia traumática con los robos sufridos en la BNE durante el mandato de Rosa Regàs, un consenso parlamentario respaldó los cambios legales para que el director de la institución de referencia en el ámbito del patrimonio bibliográfico tuviese enorme competencia técnica. Revertir esto es jugar con fuego. La agonía del Ejecutivo puede explicar la necesidad de ofrecer cargos a ‘paracaidistas’ fieles al ministro que más alardeaba de derechos culturales. Esos derechos no incluyen la responsabilidad y la transparencia debidas en la BNE. La oposición cumplirá si responde a ello con todas sus fuerzas.
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