La primera fue una señora llamada Frau Troffea. Se puso a bailar delante de su casa, sin música, un 14 de julio, y siguió durante horas, ignorando los ruegos de su marido para que parara. Por la noche se desplomó de agotamiento. A la mañana siguiente, a pesar de la fatiga en los pies, continuó. Algunos de los vecinos que la habían visto se contagiaron, y en pocos días había una treintena de bailarinas. Se tiene constancia de más de una docena de casos de coreomanía, pero la plaga de baile de Estrasburgo de 1518 es la más mortal y la mejor documentada. Duró más de un mes, con cientos de ciudadanos afectados, que bailaron hasta caer inconscientes o, en algunos casos, muertos.
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