La ciudad de los prodigios como definió a Barcelona el gran Eduardo Mendoza, también tiene defectos. Unos vienen del carácter milenario de la ciudad y poco se puede hacer. Pero otros, surgen de la tozudez de algunos de sus dirigentes que ejercen un aire de superioridad porque creen que nunca se equivocan. La Vanguardia Ha explicado dos ejemplos este fin de semana. Son dos actuaciones que han tenido efectos muy negativos que, o bien, no se quieren reconocer o, si se permite, nadie remedia.
El primer caso es el de la llamada norma del 30% que obliga a cualquier promoción de vivienda que se haga en Barcelona a destinar ese porcentaje a pisos sociales. Tras ocho años de vigencia de esta norma, solo se han logrado 34 viviendas increíbles cuando el objetivo era conseguir 2.640 pisos. Esta ley municipal fracasada ha tenido un aún peor efecto porque ha ahuyentado la construcción de pisos en la ciudad hacia el área metropolitana. Y todo esto ha sucedido en el momento más grave de la crisis habitacional tan cacareada por los partidos políticos.
¿Por qué no se cambia esta norma? Por la cabezonería de sus impulsores y por táctica política de quienes pueden ayudar a modificarla. El PP ofreció una oportunidad en el pleno del viernes, pero nadie les apoyó. ¿Habrá otra ocasión? Dicen que la cercanía de las elecciones locales hace imposible un acuerdo. Impresentable.
El otro caso también está relacionado con la crisis de la vivienda. En 2022, se convirtió cuatro kilómetros de la calle Consell de Cent en una vía verde, saltándose la ley urbanística como han confirmado varias sentencias judiciales. La operación ha tenido una consecuencia muy negativa porque ha aburguesado a los vecinos y comerciantes que allí vivían. La prueba es que el eje verde ha duplicado el precio de las viviendas y de los alquileres hasta convertirla en una de las calles más caras de Barcelona. ¿Alguien pensó en este efecto? Sí, pero no quisieron escuchar este aviso y ahora la situación es irreparable. En la próxima campaña electoral, nadie asumirá la autoría de estos efectos indeseables que han provocado en Barcelona y veremos cómo sus autores tratarán de sacudirse de encima las culpas de la crisis de la vivienda.
Fuente original: Ver noticia original

