Que te manden al pueblo en verano es lo mejor que te puede pasar cuando eres niño. Esa libertad que dan las calles adoquinadas, sin semáforos, con caras conocidas en cualquier esquina no la encuentra uno fácilmente en la ciudad. Si le sumas esa abuela que te prepara el bocadillo para cenar mientras corres con los amigos y mal aparcas la bicicleta en la puerta de la piscina, el remiendo que hacemos como adultos desbloqueando es recuerdos de los más felices.
Pero eso pasa si tienes pueblo, y si tienes abuelos que se puedan encargar. Si no, bienvenido al Tetris del verano, ni en el Gran Premio superando pruebas. Cursillo por la mañana, por la tarde, helado a deshoras, calor renqueante y tú mirando el calendario… “Venga, que no me queda nada para las vacaciones”. Y entonces se te cae la “v” y supone que con una “m” inicial definirías mejor cuanto vivirás en tus días libres ganados con el sudor de tu frente. Porque no eres esa abuela que ya no tiene edad de criar, eres esa madre patidora que pone límites y los quita con la misma rapidez que se mueve el abanico.
No hay podcast que valga, ni articulito de cebo de clics que sirva para guiarte en el difícil intento de descansar tras un año difícil al mismo tiempo que eres referente para quienes vienen detrás. ¡Ah! Que de eso no se habla, amigos. Del espejo que somos, en el que se miran. Ahí, ahí está la educación. Que si lees, leerán, pero es que si te pides olivas y un quinto fresco, ¿cómo no van a pedirte? Saltadores y Acuario? Y ahí te ves, refrenando tus ganas de vermut diario, escondiendo el móvil o poniéndote crema sin parar para ser, sobre todo, un ejemplo. En el día a día están las verdaderas pruebas del concurso. La patata caliente y la Vaquilla se quedan cortas con las arriesgadas maniobras que, como familia, enhebras para no desbaratar el castillo que aupaste.
Necesitamos una sociedad que se cree que la familia, no legislaciones que ninguneen a la mujer y sus derechos reproductivos”
El gobierno valenciano defiende que la conciliación familiar y la igualdad de oportunidades “no pueden ser un privilegio, sino una oportunidad al alcance de todas las familias”, verdad como un templo. Pero es que hay tanto que rascar antes… Necesitamos una sociedad que se crea que la familia, para quien la elige formar, importa porque para eso la construimos, no legislaciones que ninguneen a la mujer y sus derechos reproductivos. Quien elige tener hijos, debería hacerlo sabiendo todas sus consecuencias; el Estado, si lo aliena, debería asumir también estas: que los padres, y las madres, o los tutores legales en este mundo diverso, necesitan una sociedad que les apoye, con recursos, con facilidades, sin obstáculos ni prohibiciones. Un contexto que de alas a seguir siendo quiénes somos con la suerte de ser ejemplo para otros.
Por eso, sigan mirando el Gran Premio. “Ramonchu” siempre lo hace muy bien. Cualquier día me llama.
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