Mil cuatrocientos diez días. Exactos. Mil cuatrocientos diez amaneceres, que se volvieron noche, separaban Cuéllar de Pamplona, la muerte de la resurrección. Atrás quedaba aquel 28 de agosto en el que Manuel Diosleguarde caminó entre dos mundos con la partida femoral y un hilo. … de vida, cosida a cicatrices que se cerraron este 8-J. Era su debut en San Fermín. Y lo hacía con el hierro que le abrió las puertas del infierno para cerrarlas con la llave de un trofeo de ley tras enterrar la espada al sexto, el menos bello de una seria y armónica corrida de Cebada Gago, pintura tras pintura. Divinas sus expresiones y nobilísima su condición, alejada de su temible fama, a la que colgaban más orejas de las dos que se cortaron: una para cada debutante, David Galván y Diosleguarde.
David Galván remata el saludo al cuarto, al que cortó una oreja.
(Efe)
Cuando el último cebada dobló, no solo doblaba un toro, doblaban los fantasmas, los miedos y la propia muerte que en 2022 le había besado la frente. «Va por usted, señora, espero que tardemos mucho en encontrarnos». A Enrique Ponce brindó aquella faena con la que la guerra de las mil largas lunas concluía. Astifinísimo este sexto, con dos agujas de aúpa; Palillero se llamaba, con ele y no con jota, como se confundieron entre las coñas marineras en el encierro. Con la serena determinación de quien había mirado de frente al abismo, se ha quedado parado y ha decidido caminar anduvo Diosleguarde desde su apertura de rodillas, toreando con todo. Y otra cebada que colocaba la cara con obediente condición, sin ser tonto, ojo. Despacioso corrió la mano al natural el salmantino, con un molinete invertido al ralentí. Sincera su colocación, queriendo mucho con firmeza, hasta acabar un cuerpo limpio y tirarse con fe en esa hora final que borraba incertidumbres. Esa estocada trajo a la memoria la frase inmortal de Juan José Padilla, ídolo pamplonica: «El sufrimiento forma parte de la gloria». Porque la verdadera grandeza nace siempre de la superación del dolor.
Se emocionó Diosleguarde y se emocionaron los suyos. Esa oreja valía oro en su interior y dejaba atrás el pinchazo al tercero. A las siete y veinte había salido Cepillero, la apuesta del mayoral. Pero este número 78, con un hermoso trapío, acusó su falta de poder, por lo que Sandoval midió el puyazo. Se rebrincaba por esa circunstancia, pero ahí quedaron los naturales de mejor trazo en una meritísima y valiente labor, abrochada con un tremendo arrimón, metido completamente entre los pitones, como si olvidara que un hermano de esos destrozó su arteria. Qué notable imagen de Manuel, como ya ha grabado en la Copa Chenel. Que tomen nota de su nombre los que hacen los carteles y los de la regeneración y tal.
Abró el conjunto ganadero de Medina Sidonia un Manijero de finas y preciosas hechuras, con un cuello divino, un galope y una calidad que enamoraban. Puro arrebato la bienvenida de David Galván, que conoce la finca de La Zorrera como el patio de su casa. Y decisión en un prólogo por pendulares a una cebada al que ofreció distancia para lucir su arrancada con la mano de la cuchara, con más llevar que torear. Tardó mucho en coger la zocata, por donde apuntó su humillación. No cuajó aquella composición estética y recurrió a los molinetes de rodillas y al abaniqueo poncista. Se tragó la muerte el cebada, oyó un aviso y dio una vuelta al ruedo con un ejemplar para puntuar más alto.
belleza clara
Se creció el de San Fernando en el cuarto, una belleza clara que no lo puso fácil con los palos. Bonitas habían sido las verónicas del recibo y muy torero nació el prólogo. Qué gusto puso en redondo, acompañando con sabor y oxigenándolo con listeza. Midió distancias Galván y lo toreó con elegancia. Maravillosa una tanda diestra, con el pecho por delante, antes de cambiar al otro lado. Disfrutó el de San Fernando de Filósofo, de más bondades que chispa, se adornó con el molinete de hinojos y siguió con su personalísimo sello, abandonada su alma con aquella nobleza de convento. La gran estocada contenía ya de por sí premio. De justicia la oreja, con el mérito añadido de arrancarcársela al de la merienda.
-
Monumental de Pamplona
Miércoles, 8 de julio de 2026. Cuarta corrida. Lleno. Toros de Cebada Gago, muy bien presentados, seis serias y armónicas pinturas (sin esa guapeza el 6º), de buena y noble condición.
-
David Galván,
de azul y oro: estocada trasera y desprendida (ligera petición y vuelta al ruedo tras aviso); estocada (oreja). -
Romano,
de sangre de toro y oro: pinchazo y estocada (silencio); dos pinchazos en la suerte de recibir y otro hondo (silencio). -
Manuel Diosleguarde,
de blanco y oro: pinchazo y media defectuosa (silencio); estocada pelín desprendida (oreja).
-
Menuda sangría hizo al segundo en varas. De lo lindo se cebaron con Branador. Normal que se apagara pronto, pero que noble era. Aseado estuvo Román, al que no le echaron cuentas. Faltó convicción, como a la hora de matar. No lo vio claro con el capote tras dos largas cambiadas al quinto, al que Víctor del Pozo sopló un gran par. Hizo un esfuerzo el valenciano con un ejemplar de mayor transmisión y disparo, buscando el calor de la solanera, pero el acero volteó los ánimos. No fue su tarde. Este 8 de julio Dios guardó el regalo de sentirse vivo a Manuel.
Fuente original: Ver noticia original
