El responsable humanitario de la ONU cifró el viernes en 50.000 el número de desaparecidos en los terremotos del miércoles, en una conversación recogida por la Afp. Se trata de la primera estimación formulada por uno de los actores sobre el terreno.
La cifra contrasta con la prudencia de las autoridades venezolanas, que hablan de 920 muertos y de 3.360 heridos. De ellos, cinco son españoles. El Ministerio de Exteriores habla también de 119 desaparecidos y de otros 14 localizados bajo los escombros, que centran los esfuerzos de los equipos de rescate.
En este contexto de desastre humanitario, la Administración Trump pretende convertir el poder duro en el poder blando. Primero, el Pentágono y el Comando Sur anunciaron operaciones de rescate en un lenguaje que recordaba los viejos tiempos. “Nuestra misión es clara: salvar vidas y entregar rápidamente ayuda crítica donde sea más necesaria”, anunció Pete Hegseth, secretario de Estado de Defensa.
Washington ha anunciado que ayudará a “identificar las necesidades de recuperación del país a más largo plazo”, y creará un fondo de 150 millones de dólares que servirá para apoyar la labor de organizaciones humanitarias como World Vision, a Samaritan’s Purse y el Programa Mundial de Alimentos.
El último balance de Exteriores informa de cinco españoles muertos y 119 desaparecidos
En sintonía, después de las presiones ejercidas por diversas organizaciones humanitarias internacionales y la presidencia colombiana de Gustavo Petro, Washington anunció el viernes el levantamiento de las sanciones que han reducido la capacidad de Venezuela para realizar operaciones de rescate así como atender a los más de 3.000 heridos tras el doble terremoto que estremeció la costa caribeña y el norte de Caracas el miércoles por la tarde.
“Es una oportunidad para legitimarse haciendo de bombero y de policía bueno”, dijo un economista del chavismo disidente en Caracas que se comunicaba por teléfono mientras recorría los distritos más afectados de la capital venezolana. Incluso Elon Musk se apunta al nuevo espíritu del soft power tras autorizar a la empresa SpaceX a facilitar el acceso gratuito a internet de los venezolanos a través de su servicio de satélite Starlink.
Todo esto formaría parte de un plan para aprovechar la crisis, en una especie de shock doctrinal. “EE.UU. aprovechará esta catástrofe para ganar más influencia en Venezuela”, dijo a La Vanguardia Sarah Schiffling, experta en cadenas de suministro de la Hanken School of Economics de Helsinki. “La ayuda en caso de catástrofes forma parte del poder blando. Proporcionar una ayuda rápida y muy visible proyecta una imagen benévola de EE.UU; siempre ha sido así”, dijo.
EE.UU. quiere aprovechar la crisis para aumentar su influencia sobre Venezuela
Pero convertir a Hegseth en Eisenhower y a Elon Musk en Henry Ford no será una tarea fácil. En el devastado municipio de La Guaira, un distrito mixto donde los bloques de apartamentos de clase media colindan con los bloques de vivienda pública chavista Misión Vivienda, cualquier intervención estadounidense se verá con desconfianza, dijeron vecinos de Caracas consultados. “Con cosas de sangre como tragedias nacionales, la gente tiene la piel muy sensible y, si te equivocas, es desastroso, te sale el disparo por la culata”, dijo un experto en geopolítica energética que no quiso dar su nombre.
Incluso en los barrios más adinerados de la oposición, como Altamira y Chacao, donde se han desplomado varios edificios, la conversión de la potencia que secuestró a Nicolás Maduro en una entidad benévola será una operación delicada. A fin de cuentas, los distritos de Caracas edificados siguiendo el patrón de Miami y la American Way of Life ya parecen Gaza.
A diferencia del gradual de Vargas en 1999, que reforzó la imagen del flamante presidente Chávez, este terremoto no tiene conciencia de clase. Lo prueba el emblemático Edificio Petunia, situado enfrente del Hotel Altamira Suites, donde una vez cadáveres se han sacado de los escombros. Los nombres de los más de cien edificios que se han desplomado —Costa Brava, Bello Horizonte, Residencias Coral Beach, Hugo Chávez— indican que esta tragedia abarca todas las clases sociales.
Lo cierto es que, pese a las declaraciones de Trump, Hegseth y el Comando Sur, la percepción en Caracas es que no llega ayuda estadounidense. “Se supone que en este momento tendría que haber gran cantidad de asistencia gringa ya desplegada en La Guaira, pero yo no la veo. Ayuda de México, Centroamérica y Colombia sí hay, pero de EE. UU., no”, dijo un consultor en Caracas, hablando por teléfono desde un edificio aún intacto en una zona afectada.
Es más, “quieren militarizar la asistencia, eso es torpe. Tú tienes que mandar cuerpos civiles que se ocupan del rescate, no soldados. Pueden ser aviones de transporte, helicópteros, lanchas de desembarco, etc. Pero el personal que llega finalmente a las zonas debería ser civil”, dijo este experto.
En cuanto a la suspensión de las sanciones, expertos consultados en grupos que han presionado por la eliminación del bloqueo durante cuatro meses lo calificaron como “carente de valor alguno”. “Es igual que lo que hicieron con Siria en el 2023, permite donar recursos al Estado”, dijo en una entrevista a La Vanguardia Francisco Rodríguez, economista venezolano de la Universidad de Colorado. “Pero ya existía una exención humanitaria”. El problema es el daño que ya se ha hecho. “Muchas cosas que el Estado venezolano podría haber hecho para estar preparado no eran posibles debido a las sanciones”, prosigue Rodríguez. “Por ejemplo, durante siete años y medio las sanciones le han impedido al Estado comprar la maquinaria que hoy necesita para sacar a la gente de los escombros”.
Fuente original: Ver noticia original
