Cuando llega el verano, amigos, compañeros de trabajo e incluso algunos meramente conocidos por coincidencias en un ascensor, pongamos por caso, suelen preguntarnos qué haremos o adónde iremos de vacaciones. Una pregunta, hecha así, al desgaire, traída, parece, a remolque de las altas temperaturas, igual que las bajas suelen incitarnos a lo de “felices fiestas y próspero año nuevo”, un deseo, por otra parte, de mayor cordialidad y que nada tiene de inquisitivo.
Seguir leyendo…
Fuente original: Ver noticia original
